La Prehistoria es un periodo de la historia que abarca desde los orígenes del hombre hasta la aparición de los primeros documentos escritos. Es una etapa poco conocida y cuya duración transcurre en millones de años; por ello, para facilitar su estudio, los historiadores la han dividido en edades o épocas: paleolítica, mesolítica y neolítica.

 

 LA EDAD PALEOLÍTICA

Es la más antigua de esas edades. Se desarrolló durante el Pleistoceno, periodo geológico formado por cinco episodios glaciares o glaciaciones, durante los cuales la temperatura descendía a tal grado que grandes extensiones de tierra se cubrían de láminas de hielo. En dicho periodo, sólo sobrevivieron los animales con mayor capacidad de adaptación al frío.

     Los geólogos afirman que hubo cuatro distintas glaciaciones durante el periodo Pleistoceno: cuatro veces, los glaciares y las láminas de hielo se extendieron lentamente y, otras tantas veces, se fundieron o se desecaron. Y, en cada episodio glacial, hubo una época interglacial de temperatura cálida y de duración incierta; era entonces cuando una flora y una fauna distintas volvían a poblar la Tierra.

     Durante la Edad Paleolítica vivió el hombre de Neanderthal, llamado científicamente Homo sapiens neanderthalensis. Se han descubierto fósiles de esta especie en algunos lugares de Asia occidental y en buena parte de Europa. Entre los años 70 000 a 30 000 a. C., la especie Neanderthal ocupó extensos territorios, y habitó incluso el lejano Oriente (China y Java).

     El hombre de Rodesia, perteneciente también a esta especie, se diseminó por todo el continente africano.

Actividades básicas como la caza.     Durante las glaciaciones, los hombres se especializaron en cazar a los grandes mamíferos árticos, como el mamut y el rinoceronte lanudo, cuyos restos llevaban arrastrando hasta la entrada de sus cavernas, en donde los cortaban en pedazos. Naturalmente, estas grandes bestias no podían ser perseguidas por individuos aislados o por familias pequeñas; la caza del mamut fue ocupación de una comunidad social mayor, cuyos miembros cooperaban con un fin económico. La distribución del producto obtenido era, por tanto, colectiva. No existía la propiedad privada y sólo había una incipiente división del trabajo. La recolección de raíces y frutos estuvo a cargo de mujeres, niños y ancianos, mientras que la caza, la pesca y la defensa fue una tarea de los hombres.

     Durante las épocas templadas, la fauna se multiplicaba notablemente: vacunos, bisontes, siervos; ello permitió que los hombres primitivos mejorar su alimentación.

     El hombre paleolítico debió adaptarse al frío y cubrirse con pieles de animales, según se deduce de hallazgos arqueológicos: agujas para coser, rascadores de pedernal (sílex) útiles para quitar la grasa de las pieles, punzones para perforar pieles y después unirlas.

     Esta especie humana no había desarrollado aún el pensamiento científico, por ello, no estaba en condiciones de razonar sobre el mundo natural; el sol, la lluvia, los truenos y relámpagos, el frío, los ríos, etcétera. Temeroso e inseguro frente a tales fenómenos, al ignorar las causas que los originaban, el Homo sapiens neanderthalensis desarrolló el pensamiento mágico, y creó el dios Sol, el dios del Agua, y otros tantos a los que rendía culto a través de ritos que, muchas veces, dieron lugar a notables manifestaciones artísticas. De tal manera que en la Edad Paleolítica superior, surgieron las primeras manifestaciones de arte esgrafiado en huesos. Esgrafiado es una técnica para decorar objetos, que se hace superponiendo dos capas de pintura de diferente color y trazando dibujos sobre la capa de arriba, para que quede a la vista la capa de abajo; el trazado del dibujo se realiza con un punzón o grafio.

     Y, por supuesto, las pinturas rupestres, llamadas así porque los hombres prehistóricos las realizaban en los muros de piedra de las cuevas, con el propósito de obtener mejores resultados en sus actividades de caza. Las cuevas de Altamira, en España, y las de Chauvet y Lascaux, en Francia, son excelentes ejemplos de este arte rupestre. La elaboración de esas pinturas era minuciosa:

  1. Preparaban la pared de piedra con barro.
  2. Preparaban los colores con pigmentos minerales y vegetales.
  3. Iniciaban el dibujo, con un pedernal, y la pintura, utilizando colores como rojo, amarillo, azul, ocre.

Pintura rupestre     La pintura rupestre es uno de los aspectos más sorprendentes y notables de la cultura paleolítica, además de la talla de figuras en piedras o en marfil, el modelado de animales en arcilla y la decoración de armas con dibujos, Las esculturas y dibujos paleolíticos no son simples expresiones de un impulso artístico misterioso. En realidad, el artista-mago gozaba seguramente al ejecutarlos, pero no los ejecutaba sólo para darse ese goce, sino por un motivo práctico y mágico a la vez: si el artista dibujaba un bisonte, éste existiría también en el exterior, para que sus compañeros lo mataran y se lo comieran. Para asegurar el éxito, el artista dibujaba algunas veces (aunque no con frecuencia) a su bisonte traspasado por una saeta, tal como deseaba verlo en la realidad.

     El arte rupestre fue concebido para asegurar la provisión de aquellos animales de los cuales dependía la tribu para alimentarse, además de que también tenía que ver con la magia prehistórica, pues todas estas pinturas fueron hechas en la parte más profunda de las cavernas.

 

 EDAD MESOLÍTICA

Algunos investigadores consideran que esta Edad es parte de la Paleolítica mientras que otros piensan que es una Edad intermedia entre ésta y la Neolítica. Registramos algunas características que la diferencian del Paleolítco:

     Las glaciaciones finalizan. El hielo existe sólo en los casquetes polares, con lo cual las grandes especies animales que habían servido de alimento al hombre se extinguen. La temperatura se eleva y el planeta se cubre de bosques. Se sabe, gracias al hallazgo de restos de esta época, que en Europa el hombre puede asentarse en regiones norteñas que antes habían estado cubiertas de hielos. Surge entonces un grave problema: los mamuts, que en el pasado habían proporcionado carne suficiente para alimentar a un gran número de individuos, desaparecen. La carne de los animales de los bosques es insuficiente, por lo cual los hombres deben buscar otros alimentos, como los obtenidos con la pesca. Las formas de vida cambian de manera importante:

  • Sustitución de las armas de piedra para matar grandes animales por arpones para pescar.
  • Fin del arte rupestre.
  • Domesticación del perro (para la caza).
  • Concentración de la población humana en las costas marinas y las orillas de los ríos, lugares que ofrecían mejores clima y abundantes alimentos
  • Desarrollo de nuevas actividades, como la recolección de moluscos.

 

 LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA

En la Edad Neolítica se registran cambios tan importantes que se habla incluso de una revolución en la civilización humana. Dos hechos la marcan: la invención de la agricultura y la ganadería. Con dichas actividades, el hombre pudo por fin dejar la trashumancia y hacerse sedentario, es decir, permanecer en un solo lugar y empezar a formar las primeras aldeas o centros urbanos.

     El hombre deja de vivir únicamente a expensas de lo que la naturaleza le ofrece y comienza el dominio del medio ambiente, con el fin primero de producir sus propios alimentos.

Agricultura y ganadería. Orígenes y consecuencias

En el Medio Oriente existen ahora grandes desiertos, pero durante el Neolítico había bosques y grandes praderas cubiertas por arbustos, pastizales y hierbas, que favorecieron la vida de animales como ovejas y caballos. Los grandes ríos de esa zona, el Nilo, el Jordán, el Tigris y el Éufrates, tenían muchos afluentes. Era una zona con abundancia de agua. Allí se encuentran dos regiones muy propicias para la agricultura, una es conocida como Creciente Fértil del Nilo, en el valle de este río, y la otra como Media Luna Fértil, que abarca los valles de los ríos Tigris, Éufrates, Jordán y Orontes. Justamente es esa zona la que vio nacer a la agricultura.

     Los arqueólogos han encontrado polen fosilizado en esos sitios, por lo que piensan que allí crecieron cereales como cebada y trigo, en los años que corren entre el 10 000 al 8 000 a. C. Los primeros agricultores establecieron allí sus campamentos, que en un principio seguían siendo temporales, pero más tarde dieron origen a las primeras aldeas.

     Las mujeres se dedicaban a la recolección y los hombres a la caza. Gracias a la observación del suelo que las mujeres podían efectuar durante su actividad recolectora, se dieron cuenta que las pequeñas semillas germinaban y brotaban plantas nuevas. Por ello empezaron a colocar conscientemente las semillas bajo la tierra y a cuidar sus frutos. Se descubría la agricultura y nacía la civilización humana. El hombre y la mujer ya no dependían más de la caza y la recolección para sobrevivir.

     Otros lugares del planeta en que también se descubrió la agricultura fue el norte de China (con el cultivo del mijo), hacia el 5 000 a. C., y en México (con el cultivo del maíz), en la cuenca del río Balsas, hoy estado de Guerrero, y en Tehuacán, Puebla, aproximadamente hacia el 5050 a. C.

Las aldeas neolíticas

Al aumentar la producción de alimentos aumentó la población. Los hombres necesitaban cuidar sus plantas y construir chozas cerca de los cultivos. Se formaron entonces pequeñas aldeas cerca de las tierras de cultivo.

Aldea neolítica.     Al no tener necesidad de trasladarse de un lugar a otro, hombres y mujeres neolíticos tuvieron tiempo para mejorar sus instrumentos de piedra e inventar muchos objetos útiles para la vida doméstica: canastos para transportar y guardar sus productos agrícolas; vasijas de barro para cocinar, conservar y tomar sus alimentos.

     De esta manera el hombre del Neolítico descubrió el secreto de la cerámica, que consiste en la cocción de vasijas elaboradas con barro. Luego, se dio cuenta de que las vasijas no sólo eran objetos utilitarios sino que también podían tener un fin artístico: las embelleció al decorarlas con figuras geométricas y representaciones estilizadas de figuras humanas, plantas y animales. También se perfeccionó el tejido de fibras vegetales para vestirse y abrigarse.

     Los hombres y las mujeres de la Edad Neolítica observaron que en el crecimiento de las plantas influían la lluvia, el sol, el viento. Trataron de hallar una explicación de estos fenómenos naturales y, al igual que sus ancestros, los paleolíticos, encontraron las respuestas en la magia. Surgían las primeras manifestaciones religiosas con el culto al sol, a la lluvia, a los cambios de estaciones.

La ganadería

Otro acontecimiento de gran importancia fue la domesticación y cría de animales. Probablemente entre los años 10 000 y 9 000 a. C., se domesticó, para el auxilio en la caza, al primer mamífero, el perro. Después, se inició la domesticación de cabras, ovejas, bovinos y cerdos, lo que dio origen a la ganadería.

     Una vez iniciada la agricultura, los hombres completaban su alimentación con productos de recolección, caza y pesca. A las aldeas humanas, establecidas cerca de lagos o ríos, llegaban a saciar su sed manadas de animales. Para los hombres resultaba relativamente fácil cazarlos cerca de sus propias chozas. Pero después vieron que resultaba mejor matarlos sólo en caso de necesitarlos, y decide mantenerlos en cautiverio en corrales naturales, cerca de algún valle donde pudieran alimentarse. Poco a poco, con base en observaciones, aprendieron a cuidarlos y se inició la domesticación.

     La cría de animales permitió innovaciones:

  • en la alimentación, al incorporar cotidianamente leche y carne;
  • en el vestido y su confección, al hilar la lana de las ovejas, hacer telas y confeccionar atuendos más cómodos que los burdos y toscos hechos con pieles de animales; y
  • en el trabajo, al incorporar ganado bovino y caballar en la agricultura y la carga.

     Dichos cambios modificaron la organización de la comunidad y originaron los desplazamientos de los hombres en busca de pastos y forrajes que sirvieran de alimento a sus ganados (aún existen grupos humanos que viven de la recolección, de la caza y de la pesca, y que despiertan el interés de los antropólogos, pues su estudio ayuda a profundizar la vida durante el Neolítico).

     La domesticación de animales se dio en varios lugares; en algunos sitios se practicó mediante el pastoreo debido a la ausencia de tierras fértiles, como en la península arábiga, y en otros se combinó con la agricultura, como en Mesopotamia, Egipto, India, China y en parte de Europa.

     Las huellas dejadas por hombres y mujeres nos permiten saber que la civilización nació en el Medio Oriente. Los vestigios de las primeras ciudades han sido encontradas en la zona que va desde Turquía hasta la India. La más antigua se  piensa que es Tell al Sultán, cerca de Jericó, en Jordania, cuya antigüedad se remonta unos 8 000 años a. C.

El dominio de la metalurgia y sus consecuencias

La revolución Neolítica trajo la utilización del fuego para la cocción de piezas de alfarería y para preparar las tierras de cultivo antes de la siembra. Más tarde, y tal vez de manera accidental, descubrió los metales al ver que se derretían al acercar al fuego las piedras que los contenían.

Toro de cobre.     El primer metal que el hombre utilizó fue el cobre, pero no se generalizó su uso pues las herramientas de piedra pulida seguían siendo más resistentes. Luego, hacia el año 2 800 a. C., los hombres notaron que al fundir un nuevo metal encontrado, el estaño, con el cobre, ya en uso, se producía otro mucho más resistente: el bronce.

     Con el bronce fabricaron mejores herramientas que, si se quebraban, se refundían y rehacían. Para entonces, además de armas, herramientas de trabajo, utensilios y vasijas de uso doméstico, el ser humano ya confeccionaba artículos de tocador y de adorno, tal es el caso de las primeras navajas de afeitar, los peines, alfileres, collares, aretes, diademas, en cuya fabricación se generalizó el uso del bronce. Del mismo modo pudieron defenderse mejor de los ataques de otros grupos y comerciar intercambiando, por ejemplo, metales por textiles o productos agrícolas, porque aún no existían las monedas.

     Hacia el 1 000 a. C., fue descubierto y empezó a usarse otro metal más duro y útil: el hierro. Su producción era más sencilla y económica, y gradualmente fue sustituyendo al cobre y al bronce.

     A partir de 1 400 a. C. el uso del hierro empezó a adquirir gran importancia. Pero cabe destacar que estos cambios en la vida del ser humano prehistórico no se dieron de manera violenta y repentina. Fueron procesos y transformaciones paulatinas. Hubo etapas en que coexistieron el elemento viejo con el nuevo que lo reemplazó. Más o menos al mismo tiempo que el hierro, empezaron a utilizarse los metales llamados preciosos, el oro y la plata, con fines decorativos o mágicos.

     Al trabajo de los metales se le llama metalurgia. Esta Edad tuvo lugar después de la Neolítica, y durante ella los elementos culturales del hombre incluían ya la vida sedentaria, el conocimiento y dominio del pastoreo y la ganadería, la agricultura y la alfarería. El comercio tuvo un fuerte impulso en la Edad del Hierro. porque este metal existía sólo en ciertas regiones y hubo necesidad trasladarlo a lugares lejanos. Todo lo anterior originó una mayor división del trabajo, pues ya había agricultores, ganaderos, alfareros, mineros, metalúrgicos y comerciantes. Éstos últimos desempeñaron una importante función en el intercambio de mercancías y también fueron portadores de diversos elementos culturales de los pueblos entre los que realizaban su comercio.

 

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