México es un país que se caracteriza por una alta concentración de población en grandes metrópolis o en ciudades medias, así como por una fuerte dispersión del resto de los habitantes en pequeñas comunidades rurales distribuidas por toda la República, las cuales presentan altos grados de pobreza y marginación, es decir, seres humanos que no tienen acceso a los beneficios del desarrollo que ha alcanzado el país en el que viven.

El crecimiento demográfico es una de las grandes causas del deterioro ambiental.     El acelerado crecimiento demográfico, particularmente en la década de los años 50 y 60, acompañado de grandes migraciones internas, principalmente hacia las grandes metrópolis (como la ciudades de México, Guadalajara y Monterrey), el desarrollo industrial y el establecimiento de centros maquiladores en el norte la República, han sido en buena parte causas del fuerte deterioro ambiental del que ahora somos víctimas todos los mexicanos.


Contaminación del agua

     Hace muchos años, cuando había poca población y pocas industrias, los desechos que llegaban a los lagos y a los ríos eran escasos y la propia naturaleza podía hacerse cargo de los contaminantes; es decir, las bacterias que se encuentran en el agua se "comían" los residuos y así el agua se depuraba. Actualmente, los altos índices demográficos y la gran cantidad de industrias y fábricas hacen imposible a la naturaleza la tarea de eliminar una enorme cantidad de impurezas.

     La contaminación del agua, que provoca efectos adversos sobre los ecosistemas, mantos acuíferos, cuerpos de agua y la salud pública, se debe fundamentalmente a:

  • Residuos agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas).

  • Restos de suelos erosionados.

  • Descargas industriales, con una amplia gama de compuestos tóxicos (metales pesados como el mercurio y el cromo), persistentes y bioacumulables.

  • Descargas urbanas de tipo doméstico, que entre otros elementos contienen carbono, nitrógeno y fósforo, principalmente (se estima que el cuerpo humano descarga en promedio 60 gramos de materia orgánica por día). 

     Las descargas de aguas residuales provenientes de ciudades, pueblos, industria y agricultura, ejercen una presión importante en los ecosistemas acuáticos. Sólo un pequeño porcentaje del drenaje urbano y municipal se somete a un tratamiento adecuado. Hasta ahora, la industria no ha progresado mucho en la instalación de plantas para el tratamiento de aguas residuales o en la adopción de tecnologías más limpias, por consiguiente, la descarga de aguas residuales permanece en gran medida sin tratamiento alguno.

     Además, no hay que olvidar que buena parte de la ingeniería hidráulica que tenemos actualmente en México data de tiempos prehispánicos, como lo atestiguan numerosos remanentes de obras para el suministro de agua, canales de navegación o controles de inundación, como los que existieron en la Gran Tenochtitlan.


Contaminación del suelo

     México pierde aceleradamente su tierra productiva debido a la desertificación: Un millón 254 mil kilómetros cuadrados del territorio (64% de la superficie total) presenta diversos tipos de degradación. De acuerdo con información de la semarnap, entre los principales factores de la desertificación están el cambio de uso de suelo y la devastación de bosques y selvas. Entre 1980 y 1996 el país perdió 41 mil kilómetros cuadrados de selvas, 76 mil de vegetación desértica y más de 2 mil kilómetros cuadrados de cuerpos de agua.

     La misma Secretaría informó que durante el periodo 1999-2000 se registraron 601 incendios en bosques de la capital de la República, que dañaron mil 395 hectáreas; tan solo en febrero, marzo y abril ocurrieron 210 siniestros. Lo terrible es que el 100% de los incendios forestales fueron ocasionados por actividades humanas, ya sea por descuido o de manera intencional: 91% de los siniestros se debieron a la quema de pastizales; el 4%, a actividades agrícolas, 2% fue causado por fogatas, y el 3% restante se debió a otras actividades humanas, como el descuido de fumadores que arrojan las colillas encendidas.


Contaminación del aire

     Otro gran problema del que nos sentimos víctimas los mexicanos es de la baja calidad del aire que respiramos. Sin duda el problema más grave de la contaminación del aire en las ciudades de la República es el ozono, después, están las partículas suspendidas, cuya concentración promedio anual excede los 200 puntos IMECA. Las condiciones topográficas y geográficas de la Ciudad de México contribuyen a agravar el problema: la propia altitud (2,200 metros sobre el nivel del mar) de la ciudad hace que las reacciones que llevan a la producción de ozono superficial sean más rápidas; hay poco viento en el fondo de la cuenca de montañas que alcanzan hasta 3,600 metros; y el aire contaminado es atrapado por las inversiones térmicas, especialmente durante los meses de octubre a marzo. Esos factores constituyen el porqué en la ciudad de México el problema de contaminación por ozono ocurre durante todo el año, mientras que en otras ciudades, como Guadalajara, Monterrey y Puebla, sólo lo experimentan de manera estacional.


La contaminación afecta nuestra vida diaria

     Desde 1986 se han venido instalando y operando redes de monitoreo en las principales ciudades del país, con el fin de evaluar la cantidad de contaminantes atmosféricos: ozono (O3), bióxido de azufre (SO2), bióxido de nitrógeno (NO2), monóxido de carbono (CO), partículas suspendidas totales (PST), partículas suspendidas menores a 10 micrómetros de diámetro (PM-10) y plomo (Pb). En 1996 se puso en marcha un programa para mejorar la calidad del aire en el Valle de México, con el fin de reducir las emisiones de contaminantes y aminorar los casos de enfermedades respiratorias, especialmente agudas en invierno.

     Estudios de la Secretaría de Salud muestran que cuando hay un nivel de ozono de 250 IMECA la cuarta parte de la población en el Distrito Federal presenta problemas respiratorios y las pérdidas de salud y laborales exceden los 70 millones de pesos diarios.

     El 22 de septiembre de 2000 salió publicada una nota periodística sobre el aumento del agujero en la capa de ozono, ubicado sobre la Antártida y zonas aledañas. Las autoridades de la región austral chilena anunciaron que implantarían algunas medidas para proteger a la población de la radiación provocada por los rayos ultravioleta: Para salir a la calle tendrían que aplicarse cremas con el fin de protegerse de la radiación (especialmente en el caso de los niños), usar gafas con filtro UV, sombreros de ala ancha, pantalones y vestidos largos de colores claros (de preferencia blancos), camisas de manga larga y filtros solares.


¿Podemos hacer algo para frenar el deterioro ambiental?

     Como país, México ha firmado diversos convenios (como el de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, o como el de Montreal) en los que se ha comprometido con la comunidad internacional a reducir 90% el consumo de sustancias contaminantes.

     Pero el país somos nosotros, los ciudadanos que lo integramos. Entonces, ¿cómo podemos colaborar? Las siguientes ideas pueden serle de utilidad:

  • Fomente en sus hijos una cultura ecológica. Platique con ellos sobre el origen de los fenómenos que atentan contra la naturaleza. Una persona no puede desarrollar nuevas actitudes para protegerla si no conoce sus procesos y no valora el impacto que tiene en su vida diaria. 

Cuidando el medio ambiente y la naturaleza puede mejorar nuestra calidad de vida.

  • Los niños y jóvenes menores de 15 años son los que pueden asimilar mejor los cambios que se necesitan. Cada vez que sea posible, póngalos en contacto con la naturaleza y anímelos a incorporar en su vida cotidiana nuevos valores y conductas de respeto al medio ambiente.

  • Ayúdelos a conocer la problemática y anímelos a que desarrollen el gusto por la investigación y a que influyan en favor de la naturaleza, en las personas que los rodean.

     La mejor herencia que podemos dejar a las generaciones por venir es un mundo limpio, una naturaleza equilibrada y sana. La gran tarea que tenemos los padres y maestros es generar a mediano plazo un cambio de valores, actitudes y conductas que haga posible la convivencia armónica con la naturaleza.